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SUISEKI : INTRODUCCIÓN
Chiara Padrini
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Las piedras son objetos fascinantes, que han tenido siempre una gran importancia
en la existencia del hombre. Se las ha utilizado como instrumentos de guerra,
de culto, para edificar, como ornamentación y para otros muchos fines.
Resultaría difícil encontrar alguna manifestación en la que no se dé la influencia de la cultura de la piedra.
En los orígenes de la historia del hombre, en todas las culturas encontramos
siempre la piedra. Incluso en el origen del hombre mismo. Nuestra religión,
de hecho, habla del Dios creador, que utiliza el barro para formar el cuerpo
humano. ¿Y qué es el barro, la arcilla, si no un producto de la piedra?
Adentrarse en el fascinante mundo de la cultura de la piedra es como penetrar
en un laberinto sin fin, donde arte, filosofía, religión, alquimia, cosmología,
política y sociedad, tradición y costumbre, comercio tienen caminos e interrelaciones muy precisas, que convergen alrededor del objeto de nuestra investigación: la piedra.
Pero de entre la gama infinita de objetos llamados “piedra”, desde la
misma cadena de montañas hasta el grano de arena, nosotros nos ocuparemos
específicamente de aquella forma de arte desarrollada en extremo oriente
y conocida por nosotros, aunque de forma un tanto limitada, con el término
Suiseki, literalmente, agua-piedra, que es propio de Japón
En China se les llama Gongshi -piedras de los eruditos- o Ya-shi -piedras
elegantes- , en Corea, Susok -piedras de la longevidad- o Hon Non bo -panorama
de montañas- en Tailandia.
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China – 16 x 7 x 8 |

Korea - 20 x 22 x 15 |

Vietnam - I pescatori asciugano le reti- Composizione stile Hon Non bo |
Cómo nació esta forma de arte, se ignora; se supone sólo, pero sin ninguna certeza. El primer testimonio del interés en Oriente por el objeto piedra proviene de algún hallazgo arqueológico en China. En tumbas que se remontan al neolítico, se encontraron, entre los objetos queridos y preciosos que se dejaban junto al difunto, piedras labradas de nefrita verde agua, lo que testimonia el interés por las piedras artísticas. Pero los primeros datos, que pueden considerarse como el inicio de esta forma de arte, que también proceden de China, datan del 2000 a.C. Se trata de piedras que simbolizaban las montañas
sagradas de los Inmortales, según las creencias de budistas y taoistas. |

Wang Yun. Rollo fechado en 1699, que ilustra las montañas
y las islas de los Inmortales. |
La visión de un paraíso de la salud
perfecta se identifica con las islas P’eng-lai, del primer monarca de los Ch’in -
221-210 a.C- que precedió a la dinastía
Han. Estas islas debían haberse encontrado
en el mar del Este, hacia el punto
de la salida del sol, lo que acaso pone en
evidencia un vago conocimiento del
Japón, puesto que las expediciones
enviadas en su descubrimiento desaparecieron
sin dejar rastro. El más poderoso
emperador del periodo Han,Wu-ti,
hizo construir un grupo de esta islas en
miniatura, en su palacio, y este hecho,
convertido en moda, se difundió después
entre la clase noble. La forma de
las P’eng-lai era descrita como una vasija
panzuda HU, con el cuello y la base
que se estrechaban, usadas en los sepulturas
para contener vino. Esta misma
forma se adoptó para los incensarios
Bo-shan-lu, sobre los que se colocaba
una pequeña piedra. Envuelta por el
humo del incienso, recreaba la visión de
las montañas y las islas de los
Inmortales.
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El célebre Mi-Fu, entre los más notables
eruditos de la historia china, fanático
coleccionista de piedras, está considerado
como el padre del suiseki en
China. De él se cuenta que rindió honores
a una piedra colocada en el jardín del
emperador, inclinándose ante ella y no
ante los dignatarios de la corte, exclamando
“¡Mi antepasada, mi maestra!”.
Dejó escrito que realizaba viajes espirituales
incluso a las cavidades de las piedras
que usaba en su escribanía para
disolver las barritas de tinta. |

Bruciatore d'incenso con in cima un pietra paesaggio. Dal basso in alto: spazio per il fuoco - ciotola con acqua calda.- incenso - e pietra |

Mi Fu venera una roca Yu Ming (1884 –1935). Acuarela sobre papel. |

Expositor múltiple. Colección
privada china. retoma en sus líneas moderna, la forma de la vasija panzuda Hu, que recordaba la dorma de P’eng lai. A destacar formas que encontramos
también en el diseño del rollo de Yun. |
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“Pico cubierto por nubes”.
Piedra de Taihu, Jardín
Liuyuan, Suzhou.
Típico ejemplo de roca utilizada
en los jardines chinos. |
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Nos dice la tradición, que el Suiseki fue introducido en Japón por una delegación china, entre los presentes ofrecidos a la emperatriz Suiko -593-628- concretamente un incensario con una piedra sobre un lecho de arena blanca. En efecto, la historia del Suiseki en Japón se remonta al 8º shogun Ashikaga Yoshimasa (1435-1490), quien junto con la ornamentación floral, la ceremonia del té y la utilización del incienso, estableció el Bon-seki (piedra-bandeja) como una forma de arte. En 1448 construyó el Ginkakuji -pabellón de plata- de Kyoto, en el que se encontraba la sala del té, donde los huéspedes podían admirar bellísimos objetos y entre ellos, los Kiseki o piedras fantásticas. Una de esta piedras existe aún hoy día y es llamada Sue-no-matsuyama, que quiere decir “Montaña del pino eterno”, y que se conserva, como tesoro nacional, en el templo Nishi-Honguji, de Kyoto. Se cuenta que fue objeto de intercambio por Hishiyamadera, el paraje del castillo de Osaka, por parte de Oda Nobunaga (1534-1582). Otra de esas piedras se llama Zansho o “Restos de nieve”.
Entre las piedras históricas cabe
recordar la conocida como “ Puente flotante
de sueño”, Yume-no-ukihashi, que
perteneció al emperador Godaigo. Esta
piedra, de origen chino, se conserva como
tesoro nacional, en el Museo de
Tokugawa, y, como las otras piedras históricas,
está prohibido fotografiarla. Esta es
la razón por la que se tienen pocas imágenes
y, además, sólo en blanco y negro.
En aquella época, el gran Maestro de
la Ceremonia del Té, Sen-no Rikyu, estableció
algunas reglas de estética, introduciendo
en el tokonoma la exposición
de suisekis. Se adoptó el uso de tiestos
muy bajos, cuando hasta entonces se
estaban usando contenedores más bien
altos y lacados. |

Ryogen-in. Este jardín karesansui del periodo Showa fue reconstruido
en 1980. En el centro de un océano de arena blanca encontramos
una isla-tortuga (kameshima). La piedra grande de la
derecha representa el Monte Horai, el lugar en el que, según la
mitología se encunetran los Inmortales. |

Ginkaku-ji “El
pabellón de
plata”, del periodo
Muromachi,
costruido por
Akishasa
Yoshimasa,
quien lo llamó
así en contraste
con el “Pabellón
de oro” construido
por su abuelo.
Yoshimitsu. El
monte Fuji está
representado por
un cúmulo de
arena blanca. |
En el transcurso de los siglos, la
influencia de las distintas Escuelas del Té
modificaron y codificaron los distintos
conceptos estéticos y expositivos, que
tuvieron una gran influencia en el arte
del suiseki. De igual forma, fue grande la
influencia que tuvo el arte de los jardines
de piedra y grava -karesansui- que
marcó de modo indeleble el suiseki,
según su concepción japonesa. De
hecho, se pasó de las formas verticales,
erosionadas, horadadas y muy dinámicas,
altamente apreciadas por la Escuela
china, a piedras horizontales, de líneas
cada vez más planas, en busca de la
representación del concepto zen de
wabi-sabi-shibui y yugen, que se puede
sintetizar como un desnudarse a la mera
esencialidad, o significar refinamiento
espiritual y control extremo de todo
impulso emocional.
En Japón, la afirmación del arte de la
piedra y su difusión entre las diversas clases
sociales, se desarrolló a lo largo de
varios periodos: Kamakura, Muromachi,
pero el determinante fue el periodo Edo
(1603 -1868). Desde la nobleza o la alta
burguesía, hasta los habitantes comunes
de la ciudad, lo elevaron al grado de culto
y la competencia entre los coleccionistas
se hizo feroz. Personajes de renombre, como el
famoso exponente de la escuela de bunjin,
Ray Sanyo (1780-1832) y Tanamura
Chikuden (1777-1835), contribuyeron a
su difusión, como parte importante de la
ceremonia del té sencha (verde). Un
conocido texto cuenta que Ray Sanyo
vivió sus últimos años en un lugar remoto,
inmerso en la naturaleza, haciendo
que las mujeres de Oohara recogiesen
piedras del rio Kamo, les compraba las
que eran de su agrado y las ponía en su
habitación. Se dice también que llegó a
recoger más de 300.000 piedras del
Kamogawa y que luego las había desechado,
salvo una cincuentena. De ellas,
40 han llegado hasta nuestros días y
alrededor de 15 de entre éstas se consideran
Meiseki (piedras célebres-históricamente
famosas).
Los comienzos del suiseki “moderno”
y su oficialización definitiva se produce
en el periodo Menji (1868-1912).
El término suiseki se adopta definitivamente
en Japón para identificar esta
forma de arte. En la revista "Bonsaigaho",
fundada en el año 39 de la época
Meji, ya aparece mencionada esta palabra
de modo explícito, pero en el
“Discurso del Suiseki de Ota” se afirma
que el uso del término suiseki se debe
fechar en el año 12 o 13 de la época
Meji, es decir, nuestros años 1880-1881.
¿Por qué estas precisiones? Porque,
en efecto, la palabra SUI - SEKI es una
contracción de un ideograma mucho
más complejo, SAN SUI KEI JO SEKI,
que significa montaña-agua-escénicosentimiento-
piedra.
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Analizando esta secuencia de palabras,
comprendemos porqué en Japón,
con el término suiseki se identifican
esencialmente las piedras paisaje. Es
también fundamental el concepto de
sentimiento intenso, como sugestión,
quizás atmósfera, algo difícil de aprehender
en una sola palabra, que en ella
misma pueda contener la vastedad del
espíritu del hombre y de su imaginación.
Tras la Segunda Guerra mundial se
crea en Japón la Nippon Suiseki
Association y se organiza la primera
muestra de los más famosos suisekis, en
la sede de los Almacenes Mitsukoshi.
Las comunidades niponas, que se
establecieron en muchos países del
mundo, pero sobre todo en Estados
Unidos, han contribuido de forma determinante
a hacer salir de sus confines el
conocimiento de este arte de “las piedras
para ser admiradas”, que ha conocido
un rápido desarrollo en occidente.
Hoy en día, cuando se habla de
Bonsái, se habla de Suiseki.Y quizá porque
éste es un mundo en el que el ruido
es el sonido de todos los días, el arte del
suiseki, que es el arte del silencio, penetra
en nuestro espíritu con tan sutil
hechizo.
Refinada exposición de un suiseki
en un tokonoma, según la
escuela del Kei-do (arte de
exponer), del maestro H.
Katayama.
La piedra, de aspecto muy fuerte
y dominante, aparece junto
a un rollo con solo escritura,
sin ningún dibujo, ni otro elemento
de acompañamiento,
con lo que voluntariamente no
se define la estación. |
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